La reforma laboral contribuirá a un cambio cultural sobre el absentismo

Entrevista a Sergi Riau, Director de Organización y Red Territorial de Egarsat

 

Que el absentismo es un problema notable en nuestro país, y más en la actual situación de crisis económica, es un hecho incuestionable a la luz de los datos que así lo confirman. El absentismo tiene un impacto directo en la productividad y la competitividad de las empresas. Así, según datos empresariales, en España faltaron cada día a trabajar cerca de un millón de personas en 2010, lo que supuso alrededor de 64.000 millones de euros o, lo que es lo mismo, el 6% del PIB. De éstos, el gasto en prestaciones económicas, complementos, mejoras y cotizaciones ascendió a cerca de 8.000 millones de euros, de los cuales las mutuas asumieron entorno a 3.400, las entidades gestoras de la Seguridad Social 2.600 y los empresarios 2.100. Desde los sindicatos se barajan cifras sensiblemente inferiores pero, en cualquier caso, nos acojamos a unos datos u otros, no cabe duda que nos encontramos ante un problema grave.

 
 A esta situación, intenta poner coto una parte de la última reforma laboral aprobada por el gobierno hace unas semanas, dando con ello respuesta a una de las mayores reivindicaciones de las patronales. A partir de ahí, las numerosas críticas que han recibido estas nuevas medidas son, a mi juicio, no del todo justificadas. Cierto es, que los cambios legislativos acostumbran a ser pendulares, y en este caso también así ha sido. Hemos pasado de una norma que no proporcionaba ninguna herramienta a las empresas para reaccionar frente a situaciones de absentismo complejas y dudosas, a otra en la cual los trabajadores pueden encontrarse, si se hace un uso inadecuado, ante alguna situación laboral injusta.
 
 Pero esto no da, a priori y si se analiza con criterios objetivos, motivo para pensar que los empresarios se vayan a dedicar, a partir de ahora, a despedir de forma masiva alegando el absentismo laboral como causa. Al contrario: las empresas desean obtener la mayor productividad y el máximo beneficio posible, y para ello necesitan a sus trabajadores. Una empresa nunca quiere prescindir de un buen trabajador. Dudo mucho que un trabajador sea despedido por faltar nueve días al trabajo en dos meses consecutivos… excepto si se trata de alguien a quien a este punto se le añaden otras cuestiones profesionales, de rendimiento insuficiente o de escasez de implicación.
 
 En nuestro país, el 99,23% de empresas son PYMES con menos de 50 trabajadores. ¿Alguien cree que este tipo de empresarios lo que quieren es despedir indiscriminadamente, con el coste que asumen en cada proceso de selección o de formación?  Como en todo, habrá algún caso aislado de mala praxis… pero estoy convencido que serán una pequeña minoría, del mismo modo que sabemos que, los trabajadores que tienen comportamientos absentistas injustificados, no representan más del 10% o el 15% del total.
 
 Contrariamente, la aplicación de la reforma laboral puede tener, a mi modo de ver, efectos positivos en cuanto a la reducción del absentismo. Hasta ahora, si un trabajador estaba de baja por enfermedad o accidente laboral, el hecho de alargar más o menos dicha baja dependía fundamentalmente del concepto de ‘voluntariedad’. A nadie nos parece extraño, por ejemplo, que una persona que coja la baja un martes por tener un resfriado y el jueves ya esté mucho mejor, posponga la reincorporación laboral al lunes siguiente en vez de incorporarse un viernes… Pero en cambio, una decisión aparentemente inocua como esta, en realidad supone estar alargando un 25% la duración estrictamente necesaria de la baja.
 
 Estamos en un estado de derecho y todo el mundo debe tener cobertura ante la situación de no poder acudir al trabajo por motivos de salud. Pero la cuestión es: ¿deja el trabajador de trabajar sólo lo imprescindible? ¿O en algunos casos alarga la baja de forma voluntaria? La reforma, añade a esta subjetividad decisoria del trabajador un nuevo elemento de peso: no venir a trabajar no solamente tiene pros, sino también contras, contras que pueden condicionar su continuidad laboral. Por lo tanto, cabe pensar que, más que producir abusos, quizás lo que conseguirá es una reducción de la duración de las bajas, dejándolas en el tiempo estrictamente necesario y evitando posibles situaciones abusivas.
 
 El absentismo laboral tiene mucho de actitud, y estoy convencido que la propia reforma contribuirá a un cambio cultural en este sentido. A lo largo de los últimos meses, hemos oído hablar casi a diario de absentismo laboral y del perjuicio que conllevan las situaciones absentistas, y los impresionantes costes que suponen para el país. Es importante, aunque a menudo no se hace, comprender que no es lo mismo patología e incapacidad. No todas las patologías incapacitan para trabajar. Por ejemplo, un dedo meñique roto ciertamente incapacita de manera temporal para trabajar a un mozo de almacén, pero en principio no es ningún impedimento para que alguien que se encarga de realizar atención telefónica desempeñe su tarea con normalidad. Hay que ser consciente del perjuicio que causan determinadas actitudes y decisiones a la empresa. Hasta hace poco, nadie hablaba de ello y, en consecuencia, muchos trabajadores ni se lo habían planteado. Ahora, todos somos un poco más conscientes.
 
 En definitiva, en absentismo laboral hay mucho por hacer en España, y la reforma laboral puede ser vista como un punto de partida para entender, concienciar, acotar y reducir la incidencia de este fenómeno. Se ha puesto hilo a la aguja y esto es sin duda un avance; solamente podremos avanzar si hacemos cosas. Como decía Albert Einstein, si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo, y en gestión del absentismo llevamos mucho tiempo haciendo siempre lo mismo… que por desgracia no ha sido mucho. Sólo así podremos, entre todos, avanzar en el camino hacia la reducción del absentismo laboral.


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