Carlos Montes: «La violencia laboral puede provocar absentismo»

Aguantar el insulto de un paciente o las amenazas de un ciudadano al que le han dicho algo que no quería oír es una forma de violencia laboral. Eso es lo que explica el profesor de Psicología del Trabajo de la Escuela de Relaciones Laborales de Lugo, Carlos Montes, que advierte de que esa forma de acoso tiene sus consecuencias directas en el rendimiento del trabajador.

 

Para explicarlo de forma más gráfica pone el ejemplo de un empleado público que está detrás de una ventanilla y atiende de forma escalonada a un usuario detrás de otro: «Cuando lleva toda una mañana aguantando quejas, va acumulándolas hasta acabar con un elevado nivel de estrés. En el caso de los funcionarios hay que añadir que el concepto social que había en torno a ellos ha cambiado y eso además repercute. Porque un empleo no solo da recursos económicos, también aporta un estatus social».

 

 

La consecuencia de todo esto es que, según añade, el empleado público puede acabar padeciendo lo que se conoce como síndrome del trabajador quemado: «Eso se da fundamentalmente en aquellos casos en los que tiene contacto con otras personas. Profesores, personal sanitario... son por tanto los más expuestos. El hecho de estar tratando continuamente con personas genera unos mayores niveles de ansiedad, lo que hace que sea mucho más complicado lidiar con el trabajo».

 

Lo peor, deja claro este experto, es cuando eso puede llegar a ser algo crónico e incluso puede contagiarse a otros trabajadores públicos. «Al ver que no tiene recursos suficientes para poder hacer frente al trabajo comienzan a surgir actitudes como el cinismo o la ineficiencia debido a que el trabajador se ve sobrepasado y en consecuencia acaba distanciándose del trabajo», añade este experto de la Escuela de Relaciones Laborales lucense.

 

Amplias consecuencias

 

Las bajas laborales son una de las consecuencias de esto, pero, añade también, «a nivel psicológico hay el peligro de que en lugar de trabajar con personas o pacientes, acaben trabajando con números u objetos. Además provoca problemas estomacales, migrañas, mayor hipertensión, rebaja de la autoestima o problemas de sueño, no dan dormido...».

 

Las consecuencias a nivel organizativo también son importantes. «Muchas veces genera sentimiento de incompetencia, el trabajador percibe que es menos productivo como consecuencia de estar midiendo cada palabra para no herir al usuario. Antes para el funcionario la recompensa eran las condiciones laborales, pero ahora ni eso. De ahí que la última consecuencia es la ruptura con el trabajo, el absentismo». Y ahí no solo habla del que no va a trabajar, también describe el hecho del trabajador que va a fichar, pero luego pierde el tiempo dentro de la propia empresa.

 

¿Cómo prevenirlo? Este especialista concluye que es complicado porque no se puede prever la reacción de los que acuden a un servicio público.


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