El nuevo impacto de la crisis en la actitud de los trabajadores

El nuevo impacto de la crisis en la actitud de los trabajadores

Durante los años de bonanza económica aumentó el absentismo laboral

 

¿Está acabando la crisis con el absentismo laboral no justificado? Podría deducirse a vuela pluma que la respuesta es un sí rotundo, pero el debate es lo suficientemente complejo como para dar más de una respuesta y la reforma laboral aprobada el viernes por el Gobierno introduce medidas para atajarlo. Las bajas cortas que no deben justificarse son difíciles de diseccionar a base de estadísticas, pero la opinión generalizadas es que, efectivamente, se ha reducido un cierto tipo de absentismo por miedo a perder el empleo –aunque no todo– y se introduce una visión del trabajo que conecta más con la etapa preboom económico.

 

No es una cuestión del último año, sino que estas modificaciones en la cultura del trabajo –si hay trabajo, claro está– se detectan ya desde la etapa 2007-2008, cuando los ciudadanos empezaron a ver las orejas al lobo. Los vientos de crisis, explica Javier Blasco, director jurídico y de prevención de Adecco, empezaron a dar la vuelta a una concepción que creció desde 1994 hasta el 2007 y que se basaba en pensar que "la ausencia", el faltar al trabajo, era un derecho. Así, el crecimiento económico y el del absentismo fueron en paralelo, observa Blasco, algo que no sucedió desde los años 60 hasta los 90.

 

Si se miran las estadísticas, son precisamente los jóvenes los que más bajas registran, y esto conecta con este cambio de cultura registrado durante más de una década. No es que los jóvenes sean absentistas per se, sino que han crecido en un momento en el que ya había acabado la cultura de "casarse con la empresa", señala Ricard Cayuela, especialista en psicología económica y vicedecano del Col·legi de Psicòlegs de Catalunya. Para Cayuela, es evidente que la crisis ha frenado el abstentismo, pero advierte que hay que huir del "presencialismo pasivo", una de las caras del debate cuando se habla de malas prácticas laborales.

 

Las bajas por incapacidad laboral transitoria se redujeron el año pasado el 2,2% en comparación con el año anterior. Hubo 34.576 bajas menos. ¿La crisis ha originado presentismo? "Todo el mundo habla de él, de una supuesta disminución del absentismo, pero las cifras no nos indican eso, ese 2,2% no indica un descenso de la magnitud de la crisis", dice el director del Institut Català d'Avaluacions Mèdiques i Sanitàries (ICAM), Rafael Manzanera. "Es más, cuando calculamos las cifras de días de baja en relación con el conjunto de afiliados activos, la cifra es constante: en el 2007 eran 12,2 días en el 2009, 10,8 y el año pasado, 11 días".

 

Los epidemiólogos saben que la enfermedad se vive de muy diferente manera según las circunstancias y que si mañana es la boda del mejor amigo, uno hace lo que sea para sobrellevar el trancazo. Por eso se suele pensar que el miedo a perder el puesto de trabajo empuja a muchos a soportar ese trancazo en el trabajo. "No lo vemos cuantitativamente, por eso hemos emprendido un estudio cualitativo junto a sociólogos de la Universitat de Barcelona para estudiar sobre una muestra de trabajadores si han sentido esa autorrepresión de la baja", explica el doctor Manzanera.

 

El único grupo de enfermos en el que el fenómeno del presentismo está claramente representado es el cáncer de mama. "Son muchas las mujeres que se niegan a seguir de baja y que en contra de la opinión de su médico vuelven a trabajar antes de tiempo, porque para ellas significa normalizar su vida", explica Manzanera.

 

En las cifras del ICAM se detecta que los más jóvenes cogen más bajas, y más cortas, que los mayores, y que a partir de los 35 años el volumen de bajas es semejante en todas las edades. Los de más edad recuerdan como un valor no haber faltado jamás al trabajo. "Quizá lo de los jóvenes muestre una menor vinculación con las empresas", se insiste.

 

Se introduce así el factor emocional a la hora de analizar los porqués del absentismo y a la hora de plantear cómo se combate. El miedo aparece en estos últimos años como el principal factor que considerar, y la reforma laboral –véase la información de la página siguiente– incide en ello. Pero los expertos coinciden en señalar que la mejor forma de combatir el absentismo y mejorar la productividad es facilitar al trabajador que se sienta realizado y reconocido en lo que hace. Ismael Vallés, profesor de Esade, cuenta que en los países anglosajones y del norte de Europa se está aplicando la política empresarial del well-being (bienestar) para fomentar la implicación emocional del trabajador, para dar un sentido a la tarea que desarrolla.

 

Pero es evidente que hablar ahora de estos conceptos en España es complicado, aunque los expertos insistan en que este es el camino. En Esade admiten que es difícil medir la evolución del absentismo, pero los últimos estudios que han realizado (2010) se señala que tanto empresarios como trabajadores están de acuerdo en combinar medidas "sancionadoras" y "motivadoras-positivas" para combatirlo.

 

Según este estudio, los españoles no toleran que se falte al trabajo por cuestiones como el dolor de cabeza, el estrés o el dolor de espalda. En cambio, sí que se acepta que sea por maternidad, enfermedad grave, accidente o conciliación laboral y familiar.

 

Con un futuro laboral más negro que nunca este 2012, instituciones, universidades y empresas estudian a fondo cómo va a impactar esta agravada situación en el comportamiento de los trabajadores. De momento, seguir siendo trabajador es lo que importa.

 

Lumbalgias, gripes, ansiedad

Los diagnósticos más frecuentes entre los trabajadores de baja son, en primer lugar, los problemas osteomusculares. Eso incluye una decena de patologías, entre ellas la lumbalgia, el dolor de espalda, las tendinitis y la artrosis. Esos dolores provocan el 29,7% de los días de baja y por término medio duran 16 días.

 

Las afecciones respiratorias (gripes, bronquitis, viriasis) son otro gran bloque de bajas. Suelen ser más cortas (cuatro días) y muy ligadas a la época del año. En el 2009 hubo un pico importante durante el mes de noviembre que coincidió con la gripe A que afectó especialmente a jóvenes. El número de bajas se duplicó.

 

Otro grupo importante lo forman las enfermedades mentales y de comportamiento: son el 7,8% de las bajas pero suelen ser largas, 30 días de promedio. Son diagnósticos más frecuentes entre mujeres (9% de mujeres frente a 6% de hombres). Al contrario que los traumatismos y otras causas externas: en los hombres suponen el 12% de las bajas y el 5% entre las mujeres. Los tumores ocupan el 6,4% de los días de trabajo perdidos por enfermedad.

 

Del casi un millón de bajas que se producen al año (911.930 el año pasado), 150.000 pasan por la revisión del ICAM, especialmente aquellas que sobrepasan los tres meses. También se escrutan los casos pedidos por las empresas porque haya dudas (el caso de los controladores) y otros, aleatoriamente. El 30% se confirma. Al 20% le dan el alta y a un 15% le proponen la incapacidad permanente.


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