La crisis reduce un 30% el número de bajas laborales por enfermedad

La menor actividad económica y el miedo a perder el trabajo rebajan el absentismo  · Las empresas creen que sigue siendo alto y cifran su coste en 3.000 millones de euros.

 

El Juan Nadie andaluz, el trabajador tipo, está sin trabajar nueve días al año al margen de descansos, vacaciones de verano y festivos. Esto es lo que se infiere de la Encuesta de costes laborales del Instituto Nacional de Estadística, que refleja que, con respecto al tiempo de trabajo pactado con el empresario (35,2 horas semanales), este empleado medio no cumple con 6,1 horas cada mes, es decir, nueve días por año a jornada completa. En España son más: 7,4 horas, 11 días, lo cual desmonta el tópico de que el absentismo es propio del Sur.

 

Salvo un porcentaje residual de  injustificadas (1,43%), las causas son legales: muchas son bajas por enfermedad y permisos de todo tipo, la maternidad. Se engloban en lo que se conoce por absentismo laboral toda ausencia de una persona de su puesto de trabajo, justificada o no, en un día laborable y dentro de la jornada laboral.

 

El sector empresarial ha iniciado una cruzada para reducir la tasa de absentismo que consideran que en España es excesiva, a pesar de que se ha reducido en los últimos años, en todos los conceptos, del 5,2% de incidencia al 4,7%. A las empresas les preocupa, sobre todo, la pérdida de productividad y los costes asociados. Sólo la asunción de una baja laboral por parte de la empresa le cuesta al sector privado andaluz 252 millones cada mes, 3.024 por año, según informa la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). A esta cifra se le suman los gastos de reorganización, como la contratación de un sustituto o subidas de salarios en caso de que la movilidad sea interna.

 

Las bajas por enfermedad representan el 65% del absentismo total y es ahí donde los empresarios quieren incidir, ya que consideran que existe un porcentaje indeterminado de absentistas profesionales que sortean los mecanismos legales de control con el objetivo de eludir su obligación laboral.

 

El Gobierno ha tomado nota y la reforma laboral abunda en la cruzada antiabsentista. Hasta ahora, las empresas podían despedir con 20 días por año a un trabajador que se ausentara por causa justificada de su puesto más de nueve días hábiles durante dos meses seguidos, o 21 días o más en cuatro meses discontinuos en el periodo de un año. Pero tenían un límite: que el absentismo total en la empresa superara el 2,5% de la plantilla, algo muy normal en las grandes empresas. Ya no existe esta traba. El combate contra el absentismo se individualiza y eso en la patronal se ve bien. "Ataca al absentista profesional -dice Manuel Carlos Alba, director de Relaciones Laborales de la CEA-; y no poderlo despedir es injusto para los trabajadores que sí cumplen; y no es motivo de despido de por sí que se esté de baja más de nueve días, porque al final es el juez el que acredita si la medida es proporcional  o colisiona con el derecho a la Salud". Los sindicatos, al contrario, creen que habrá despidos de trabajadores enfermos, con excepción de las afecciones asociadas a la maternidad y a la violencia de género, más protegidas.

 

Lo cierto es que la crisis ya ha reducido el número de bajas por enfermedad. Según los datos del Ministerio de Empleo, en Andalucía el número de trabajadores por cuenta ajena incursos en una baja por mes ha pasado del 3,18% del año 2007 al 2,26% de noviembre de 2011, lo que significa una reducción del 30%.  La evolución a la baja no sólo se debe a que el trabajador prefiere ir enfermo al trabajo por temor a perder su puesto. También tiene que ver con la reducción de la masa laboral y de la actividad. Si hay menos trabajadores y menos horas de trabajo, los enfermos disminuyen.

 

Los sindicatos niegan que el absentismo sea un problema real en España y creen que se le está dando una connotación negativa interesada. "Dicen que hay absentistas profesionales, pero el trabajador no se da la baja motu proprio; se la da un profesional, y ni hay que criminalizar al trabajador ni dudar de la profesionalidad de los médicos; si el empleado faltara al trabajo por un motivo no justificado estaría despedido en un cuarto de hora", afirma Miriam Pinillos, secretaria de Acción Sindical y Relaciones Laborales de Comisiones Obreras.

 

José María Tocornal, delegado territorial de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT) sí cree en la incidencia del absentista profesional, y cita como ejemplo la elevación del índice en Jaén en la campaña de la aceituna (se aprovecha para obtener ingresos extra) y el incremento de los casos en vísperas o al día siguiente de festivos. Comisiones Obreras tiene otro diagnóstico y, por tanto, otra solución: el problema no es el absentismo sino un estrés laboral causado en muchos casos por una deficiente organización del trabajo. Y cita un estudio de Marcos de Antonio, de la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo, que avisa de que la amenaza para las empresas es el "síndrome de la silla caliente", que consiste en estar en el trabajo como si se trabajara, pero sin hacerlo. "Los trabajadores no buscan con la crisis mejorar el rendimiento de la empresa, sino asegurar su puesto de trabajo", asegura.


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