La reina del absentismo laboral

Dicen que fue a trabajar un par de días allá por el año 2002 y en cuatro ocasiones en 2004. Eso es todo. Pero aunque Silvia S., una italiana de 44 años, sólo se ha presentado en su puesto de trabajo en el Hospital Policlínico Universitario Santa Ursula Malpighi de Bolonia en seis ocasiones contadas a lo largo de nueve años de supuesta actividad laboral, ni un solo mes ha dejado de cobrar puntalmente su sueldo.

 

Fingiendo falsas enfermedades e inventándose hasta dos embarazos ficticios, esta auxiliar de enfermería se ha convertido en la reina indiscutible del absentismo laboral. Y en la representante por excelencia de los abusos y los sablazos que en muchas ocasiones sufre el Estado italiano y que han contribuido a engordar su abultadísima deuda pública (la tercera más grande del mundo) hasta llegar el 120% de su Producto Interior Bruto.

 

Silvia S. está desde ayer en arresto domiciliario, acusada de fraude agravado al Estado, un delito por el que le podrían caer hasta cinco años de cárcel, y de otro de falsedad de documentos por el que podría ser condenada a pasar dos años entre rejas. Pero lo alucinante de su caso es que, durante nueve largos años, ha conseguido salir airosa de su farsa.

 

La gran huida de Silvia S. de su puesto de trabajo comenzó en 2002, cuando trajo al mundo a su única hija. A partir de ahí, decidió consagrarse en cuerpo y alma a la crianza de su niña, pero sin renunciar a cobrar su sueldo. Así que puso en marcha un cuidadoso plan de engaños y estafas. Primero se hizo diagnosticar un tipo de dermatistis que según ella había contraído en su puesto de trabajo al tener que manipular determinados detergentes.

Partos en España

 

Pero después decidió dar el gran salto: en 2003 se inventó que estaba encinta, y alegando que estaba sufriendo hemorragias consiguió que un médico le certificara un embarazo de riesgo. El médico en cuestión le encargó varias pruebas, que Silvia S. se cuidó muy mucho de no realizarse. Siguió adelante con la ficción del embarazo, cambiando constantemente de médico. Pasados los nueve meses de rigor se inventó que había dado a luz en España. Falsificó documentos, amañó certificados... Llegó incluso a tener la desfachatez de incluir en la declaración de la renta a ese falso hijo para poder desgravárselo.

 

En 2008, y visto lo bien que le había funcionado el primer embrazo psicológico, Silvia S. se inventó un nueva gestación. Repitió el guión al pie de la letra: dijo que había dado a luz a la criatura en España e incluyó a ese tercer falso hijo en la declaración de la renta para tener derecho a dergravaciones fiscales.

 

Lo increíble es que durante años el Hospital en el que Silvia S. trabajaba tampoco hizo nada. Ningún colega la denunció, ninguno de sus superiores pidió que le fuera abierta una inspección para comprobar si las enfermedades y complicaciones que desde hacía nueve años la aquejaban eran reales... Sólo en junio pasado, y visto que la señora apenas había acudido a trabajar seis días en nueve años, decidieron despedirla y denunciar su caso.


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