No es por las vacaciones

Los datos desmienten que en el sur de Europa se trabaje menos - La realidad no la dictan los mínimos legales sino los convenios - La clave: la productividad

  

  

MANUEL V. GÓMEZ 07/06/2011

 

La canciller Angela Merkel sabe que a los alemanes no les gusta ser los principales contribuyentes de los rescates financieros de Grecia, Irlanda y Portugal. La aportación germana, la mayor de los socios comunitarios, le está pasando una alta factura electoral. Así que hace unos días, para tratar de evitar la sucesión de derrotas de su partido, los democristianos de la CDU, Merkel levantó un puño de hierro y tiró de populismo y tópicos en un acto interno de su partido. "En países como Grecia, España y Portugal no deberían jubilarse antes que los alemanes. Deberíamos hacer todos los mismos esfuerzos, esto es importante", clamó la canciller, "no podemos tener una unión monetaria donde unos tienen muchas vacaciones y otros muy pocas".

 

No le falta razón a Merkel. Un área monetaria común como la zona euro integrada por diferentes Estados no se puede permitir grandes desequilibrios si no quiere verse abocada a graves presiones de los mercados, justo lo que está pasando ahora. Pero no es por causa del flanco al que apuntó Merkel. La canciller erró en el tono y en el objetivo de la denuncia. Los aspectos -y los datos- del mercado laboral de los llamados países periféricos a los que apuntó no le dan la razón, al contrario.

 

"Lo determinante no son ni los días de fiesta, ni los de vacaciones", apunta el profesor de Derecho Laboral de Esade Joan Coscubiela, "sino el volumen global de horas de trabajo". Y en esto las cifras muestran el estrepitoso fallo de la canciller. La jornada media que los españoles habían pactado en los convenios de 2009, último año con datos disponibles, era de 1.720 horas al año; los alemanes contabilizaban 1.655 horas. La comparación todavía es más desacertada si se toma otro de los dos países citados, Grecia (1.816), según los datos de la Fundación Europea para la Mejora de la Vida y Condiciones Laborales (Eurofound).

 

"Son el tipo de declaraciones en los que se prodiga últimamente la canciller, jugando con una serie de tópicos que tienen venta en el interior de Alemania", sentencia el catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, Antón Costas. También el economista alemán Juergen B. Donges piensa que Merkel hablaba en clave interna. "Las declaraciones de la canciller alemana creo que estaban dirigidas en primera línea a la sociedad alemana, no a la española o a la de otros países meridionales", justifica en un perfecto español escrito en correo electrónico. Pero el director del Instituto de Política Económica de Colonia va más allá: "En Alemania existe un cierto malestar por la rutina de los rescates de la que se están adueñando el Ecofin y el Consejo Europeo para hacer frente a las crisis de la deuda soberana. Muchos ciudadanos temen que tarde o temprano se les pasará factura por las infracciones presupuestarias cometidas en otros países y el savoir-vivre de la gente por encima de sus posibilidades reales [en referencia a fenómenos como la burbuja inmobiliaria]".

 

A primera vista la legislación laboral puede llevar al error. Incluso llega a ratificar el tópico que inspiró las palabras de Merkel. La legislación danesa, francesa o alemana permiten semanas laborales de 48 horas, frente a las 40 de España o Portugal. Con las vacaciones pasa algo parecido, Holanda o Alemania fijan vacaciones mínimas de 20 días laborales; España, 22. Y hasta las jornadas festivas, que suelen dar lugar a los anhelados puentes del Pilar, de la Inmaculada o del Primero de Mayo, apuntalan el tópico. Los españoles tenemos derecho a 14 días festivos, solo Chipre nos iguala en la Unión Europea, y para más inri, el siguiente de la lista es Portugal.

 

Pero los convenios colectivos transforman la realidad que dibujan los textos legales. Las normas solo recogen los derechos mínimos de los trabajadores. Así, en los pactos entre asalariados y empresarios, los trabajadores holandeses, alemanes o franceses ganan más terreno que los de los Estados del sur de la Unión Europea: los 20 días de vacaciones alemanes se convierten en una media de 30; y las semanas de 48 horas francesas se transforman en 35,6. El resultado final es que los países centrales de la Unión Europea es donde menos horas se trabaja al año, casi siempre por debajo de la media comunitaria.

 

Merkel también tiró del estereotipo al hablar de la edad de jubilación. Y de nuevo la estadística desmiente a la canciller germana. La retirada real de portugueses (62,6 años) y españoles (62,3) es posterior a la de los alemanes (62,2). Otra vez aparecen discrepancias entre lo que dice la norma y la realidad. Pero en este caso, además, la ley actual no lleva a confusión alguna. En los países periféricos la jubilación actual se establece en los 65 años, la edad de referencia en la mayoría de la Unión Europea. Y las reformas de pensiones aprobadas en España y Alemania elevarán a 67 años el retiro en el futuro.

 

"En toda Europa, el mercado laboral más que una realidad es un estado de ánimo", se queja Marcos Peña, presidente del Consejo Económico y Social y antiguo secretario general de Empleo, cuando reflexiona sobre las palabras de Merkel: "¿Por qué existe esa ignorancia y desprecio cuando se habla del mercado de trabajo y no cuando se habla de los mercados financieros?".

 

No desconoce Donges la realidad de los datos. Admite que en España se trabaja más horas. No obstante, inmediatamente apunta a uno de los talones de Aquiles del mercado laboral español: "La productividad laboral es significativamente más elevada en mi país [en referencia a Alemania] que en España. Y este es el quid de la cuestión".

 

En la misma línea apunta el profesor de Derecho de ESADE Jordi Fabregat: "Lo determinante es la productividad". Los años anteriores a la crisis la evolución de este escurridizo concepto fue mala para España. Difícilmente crecía por encima del 1%, cuando países centrales de la Unión superaban con facilidad el 2%.

 

"Hay una relación inversa entre las horas trabajadas y la productividad de los países", señala Florentino Felgueroso, investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada. No le falta razón. Es precisamente en países como Francia o los países nórdicos donde mejor evoluciona la productividad, en los que las jornadas anuales son menores. "Es normal", analiza José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, "los países que tienen menos productividad tienen que trabajar más horas para compensar".

 

Sin embargo, caben matices. "Hablar de márgenes agregados no vale de nada. En España hay sectores muy productivos. El problema no es que trabajemos menos o peor", explica Costas, de la Universidad de Barcelona. Para sustentar esta afirmación recuerda la buena evolución de las exportaciones españolas últimamente, cuando se han convertido en el motor que tira de la economía. "Sí que hay algunas cosas que se pueden mejorar: racionalizar horarios, mejorar la gestión en el ámbito empresarial, vincular más objetivos y horas... Además, hay aspectos incomprensibles, como el absentismo laboral de lunes y viernes, pero ese es más un problema de la dirección de recursos humanos de las empresas", continúa Costas, que también conoce el mundo empresarial como asesor, descartando así que la armonización del mercado laboral europeo llegue por la vía de las grandes reformas.

 

Abunda en la idea Coscubiela cuando afirma: "Los propios procesos de configuración de los sistemas de relaciones laborales y de protección social corresponden a evoluciones históricas muy distintas. No se pueden cuadrar a golpes de decisión política".

 

Marcos Peña tampoco es partidario de grandes cambios normativos para lograr la armonización del mercado laboral europeo. "Se tiende a proponer grandes reformas que parten desde el desconocimiento más absoluto. Estamos convencidos de que toda patología viene de la regulación. Toda esa frivolidad inquieta mucho", explica. En su opinión, los cambios y la armonización del mercado laboral europeo llegarán más por la vía de los hechos y de la negociación colectiva en
ámbitos europeos que por los cambios legales.

 

Un ejemplo de lo que habla Peña puede verse en las fábricas de General Motors en Europa. En la planta española de Figueruelas (Zaragoza) y en la alemana de Einsenach se ensambla el Opel Corsa; en la primera, el convenio estipula que se trabajan 223 días al año descontados los días de vacaciones y los festivos; en la segunda, 220. Tampoco la diferencia es grande si se observan las horas que se trabajan a la semana 38,5 y 38, respectivamente.


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