Se cambia acueducto por pequeños puentes

Los empresarios abren el debate sobre la conveniencia de trasladar casi todos los festivos a los lunes - El cambio pretende mejorar la productividad, pero también puede dañar el turismo

 

 

"Nuestras empresas ya no pueden permitirse la inactividad durante los acueductos. La pérdida de actividad laboral debe ser la mínima posible". Así de tajante se muestra Jesús Terciado, vicepresidente de la patronal CEOE y presidente de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme), sobre la necesidad de aumentar la productividad mediante un reajuste del calendario laboral. Terciado es el promotor de una iniciativa que ha levantado polvareda: trasladar casi todos festivos a los lunes, al estilo británico. Eso acabaría con puentes prolongados, los populares acueductos, como el que podría hacerse estos días con la Fiesta Nacional o el que se avecina la semana del 6 y 8 de diciembre. El objetivo es mejorar la productividad, pero ¿se lograría? ¿Ganan todos con el cambio? Los trabajadores y sus representantes no lo tienen tan claro.

 

 

Terciado argumenta que los puentes suponen un coste "desproporcionado" para los talleres de producción en cadena por la parada y reactivación de la maquinaria; así como un problema organizativo para las compañías que operan fuera de las fronteras de su comunidad autónoma, que pueden encontrarse con que sus festivos no coinciden con los de sus clientes de otras localidades. Para Terciado, abusar de los puentes puede romper la unidad de mercado cuando las empresas tienen sedes o proveedores en otros municipios o comunidades.

 

 

"La mayoría de las empresas no pueden liberar cuatro o cinco días a toda su plantilla, de manera que solo un 30% acaba disfrutando de puentes largos como el de La Constitución. Eso provoca que muchos trabajadores se pasen la mitad de la semana a medio gas e incluso se llegan a dar altos índices de absentismo laboral", señala María Bastida, doctora en Ciencias Empresariales de la Universidad de Santiago de Compostela.

 

 

La patronal ha elaborado un estudio titulado Informe relativo a la racionalización del calendario de festivos, conocido por los medios pero del que la CEOE asegura que no es más que un documento de trabajo interno. En él se exponen los beneficios de trasladar a lunes o viernes la mayoría de los festivos. "No se trata de suprimir días rojos, sino de distribuirlos de otra forma más lógica", afirma Alejandro Couceiro, secretario general de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM).

 

 

La reubicación que se ha planteado daría la vuelta al almanaque y pasaríamos de tener cinco acueductos este año a más de una decena de fines de semana largos. La CEOE propone que de los 14 festivos, cinco fechas permanezcan inamovibles el próximo año: Año Nuevo (1 de enero), Viernes Santo (6 de abril), la Hispanidad (12 de octubre), la Constitución (6 de diciembre) y Navidad (25 de diciembre). Sufrirían cambios otras tres: el día del Trabajador (1 de mayo) pasaría al primer lunes del mes, la Asunción de la Virgen (15 de agosto) se trasladaría al tercer lunes de agosto y Todos los Santos (1 de noviembre), se movería al segundo lunes de noviembre.

 

 

El resto, tres días determinados por la comunidad autónoma y dos más fijados por cada municipio, quedarán a libre disposición de las administraciones locales y regionales, aunque la patronal recomienda que los que caigan en domingo se pasen a lunes, como ocurre actualmente.

 

 

"Esta idea está basada en otras similares que vienen aplicándose desde hace muchos años en Reino Unido y Estados Unidos, donde los estudios demuestran que los lunes por la mañana son el día más improductivo de la semana, seguido de los viernes por las tardes", apunta Roberto Rodríguez, director de la consultoría de negocios PFS.

 

 

La medida aún no ha sido ha aprobada por el consejo directivo de la CEOE, pero ya está levantando ampollas.

 

 

"Acabar con los puentes no aporta mucho a la productividad ni a la racionalización de horarios, ya que al reducirse el tiempo de descanso de los trabajadores podrían estar más cansados o desmotivados en su jornada laboral ordinaria. Por mucho que se trate de una redistribución de libranzas, no es lo mismo unir tres días de descanso que una semana", opina Beatriz Cordero, directora de Relaciones Laborales e Institucionales en Randstad, una compañía de Recursos Humanos. "Las empresas tienen que entender que es importante invertir en una buena gestión de agendas y conciliar la vida laboral con la familiar y personal", concluye.

 

 

La patronal defiende la necesidad de tomar medidas impopulares para superar la crisis, como ya hizo hace unas semanas, al poner en jaque la negociación salarial con su propuesta de anular la revalorización pactada para 2012, pero no todos comparten su estrategia.

 

 

Eugenio M. Recio, profesor honorario del Departamento de Economía de la escuela de negocios Esade, no apoya este punto de vista: "Conviene distinguir entre la productividad personal y la productividad del país", especifica Recio. "El rendimiento personal de cada trabajador disminuirá si se reduce esa motivación extra. La única solución para equiparar la eficiencia productiva española a la europea sería aumentar la jornada o, al menos, modificar los métodos de trabajo. Eso podría aumentar el volumen de lo producido y entonces se podría admitir que ha aumentado la competitividad. El resto es un parche".

 

 

Jesús Terciado, de Cepyme, afirma que no han "encontrado ningún rechazo frontal por parte de los trabajadores ni de los representantes de los trabajadores". Sin embargo, el Secretario de Acción Sindical de UGT, Toni Ferrer, acusa a la patronal de no haber medido las consecuencias que pueda tener la supresión de acueductos para la hostelería y el transporte. "Puede que la industria pesada se vea beneficiada, pero hay que pensar en los daños colaterales. El sector turístico es importantísimo para la economía española y los hoteles, las agencias de viajes, los trenes y los autobuses se quedarían sin su único repunte fuera de las vacaciones", apunta Ferrer.

 

 

Sin embargo, los hosteleros ponen esta idea en cuarentena. "Nosotros no tenemos tan claro que nos perjudique. Es verdad que facturamos más los festivos que los días laborables, pero la crisis ha reducido el número de pernoctaciones y es más fácil que algunas familias se decidan a salir durante un fin de semana largo en el que solo tienen que pagar dos días de alojamiento", explica José Luis Guerra, adjunto a la presidencia de la Federación Española de Hostelería (FEHR). "Preferimos sacrificar dos acueductos si eso nos garantiza más desplazamientos cortos. Hay que ver las cosas con otra perspectiva", defiende con optimismo.

 

 

Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) se mueve en la misma línea: "La reorganización del calendario laboral evitará que las festividades se acumulen en unos meses determinados y contribuirá a que los trabajadores tengan un descanso escalonado. Es la primera iniciativa que veo encaminada a la optimización del tiempo en lugar de primar una exigencia desmedida para buscar la excelencia".

 

 

España se encuentra entre los países europeos donde la jornada laboral efectiva es más larga. Según un estudio del año 2009 de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, el número de horas trabajadas en España es mayor, por ejemplo, que en Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Portugal, Suecia e Irlanda, e inferior que en Reino Unido y Austria. Sin embargo, el Euroíndice IESE-Adecco realizado en 2006, refleja que los países europeos con jornadas más cortas -Holanda, Alemania y Bélgica- presentan una mayor productividad del trabajo. "No está claro que a mayores jornadas laborales les siga una mayor productividad y, sin embargo, ese es el modelo que impera", opina César Rodríguez, catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Oviedo. "Nuestras largas jornadas a veces suelen traducirse en mayores interrupciones en el trabajo", opina Javier Blasco, director de la asesoría jurídica del grupo Adecco.

 

 

Recio, de Esade, ve como única alternativa un cambio en la mentalidad empresarial: "Las empresas no se esfuerzan mucho por crear un ambiente favorable al trabajo y por conseguir que haya una mayor identificación de los trabajadores con la empresa. Esto se refleja en la facilidad con que se recurre al despido, o la preferencia que se da al trabajo temporal, para poder eliminar personal en cuanto hay problemas de exceso de capacidad, mientras que en Alemania los despidos son el último recurso".

 

 

A pesar de que la medida ha salido a la luz sin que sus autores lo hayan pretendido, los expertos consultados parecían esperar una noticia como esta, dada la situación económica que atraviesa el país. Los especialistas entienden que puede ser una medida con efectos beneficiosos, al menos de forma coyuntural. Para los representantes de los trabajadores, es otro ataque a los derechos de los trabajadores conquistados durante décadas. Y recuerdan que en España se sigue considerando erróneamente el presentismo como sinónimo de productividad


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