¿Te cansarías del mejor empleo del mundo?

Hasta el trabajo más increíble que imaginemos llega a aburrir si no ponemos algo de nuestra parte. Puedes aborrecer ese puesto que parecía ideal, del mismo modo que es posible amar una tarea que antes considerabas odiosa. La solución: reinventa tu profesión cíclicamente.

 

En las curiosas clasificaciones que analizan los mejores trabajos del mundo, Ben Southall suele llevarse la palma. Hace tres años fue elegido entre 35.000 candidatos de todo el planeta para convertirse en una especie de vigilante-bloguero-relaciones públicas de una isla paradisíaca en un arrecife de coral australiano.

 

Este británico de Petersfield dejó hace tiempo su trabajo en Hamilton Island al finalizar el contrato, pero recientemente concedió al diario Daily Mail una entrevista en la que agradecía la experiencia, aunque recordaba que, en contra de lo que puede parecer, había tenido demasiado trabajo. Sin olvidar que durante su estancia sufrió una grave picadura de medusa y fracasó en la relación con su antigua novia.

 

No es oro todo lo que reluce, ni siquiera en el mejor empleo del mundo, lo que lleva a preguntarnos si es posible que lleguemos a cansarnos de un trabajo aparentemente ideal, hecho a medida para nosotros. ¿Qué factores pueden precipitar el que nos hastiemos o decidamos abandonarlo?

 

Renovación constante

 

José María Gasalla, profesor de Deusto Business School, asegura que el problema está en idealizar las expectativas: "Es más fácil saber lo que no queremos que lo que queremos. Por ejemplo, hay personas que están cansadas de trabajar en una gran ciudad y deciden irse al campo y montar una casa rural. Al cabo de dos años aborrecen la vida rural y su nuevo negocio. Esto es propio de quien no visualiza su trabajo de forma integral, teniendo en cuenta que nos puede gustar... o no. Cualquier empleo, hasta el que parece mejor, tiene una cara agradable y una cruz aburrida o tediosa. Hay que tener en cuenta que algunas veces la vocación se vuelve hastío, y deja de haber pasión a menos que incorporemos nuevos elementos a ese puesto de trabajo".

 

El experto recuerda que, a pesar de todo, hay personas que se sienten bien en la rutina y en lo conocido. "Quieren dominar lo que controlan y son estupendas haciendo lo que han hecho durante 30 años, pero si les dices algo nuevo se desestabilizan".

 

Gasalla cree que "el puesto de trabajo se constituye efectivamente cuado te metes en él. La realidad se crea en la interacción que cada uno tiene con la tarea que debe realizar".

 

Para Jorge Cagigas, socio de Epicteles, "cuando diseñamos nuestro empleo ideal hacemos una composición de lugar muy diferente a la realidad. No es lo mismo construir una imagen aséptica que vivir en esa imagen; y eso ocurre en el trabajo". Insiste en que la vivencia real suele ser distinta a la imagen que nos hacemos. Eso lleva a que pueda cambiar algo que consideramos importante, y así un puesto que parecía perfecto ya no resulta tan atractivo.

 

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, explica que la misma realidad puede percibirse de distintas maneras: "Esto ocurre con una empresa y con un trabajo. Dentro de un año tu modelo mental puede cambiar, y varían tus expectativas y tu experiencia. Es lo que explica que puedas odiar ese buen empleo hecho a tu medida o que llegues a apreciar el puesto que antes aborrecías".

 

De todo esto se deriva la necesidad de llegar a la realidad y mantenerla, renovándola constantemente: "Es algo parecido a lo que ocurre con las relaciones personales. En el trabajo hay que reinventarse cíclicamente, y más en la situación actual, en la que se hace necesaria una revisión permanente de nuestro puesto, porque no podemos permitirnos parar en nuestro desarrollo".

 

Peñalver coincide en que, "ante lo conocido, baja la novedad y sube la rutina. Esto ocurre con muchos de nuestros hobbies, cuando el enamoramiento pasa". El socio director de Isavia se refiere a algunos estudios que revelan que el estado de enamoramiento dura un máximo de 18 meses: "Cumplido ese tiempo pasas de esa alteración a una fase mucho más racional, y luego al desinterés... Y terminas dejándolo".

 

Jorge Cagigas apunta la necesidad de construir y enriquecer nuestro trabajo día a día, algo en lo que coincide Ovidio Peñalver, para quien la solución ante un empleo que nos deja de interesar exige tres pasos: "El primero es que te enamores de ese puesto o tarea; el segundo, que te resignes y pases a engrosar la lista de trabajadores alienados; y, por último, que decidas buscar otro trabajo, otra función en tu empresa, o que te dirijas a otra compañía".

Peñalver cree que la actuación más madura es empezar por el primer paso, rediseñando la función, haciéndolo a tu medida, ofreciéndote a tus jefes para evolucionar en ese puesto: "Es algo así como soplar unas brasas para que salgan de nuevo las llamas. En realidad, que el trabajo llegue a enamorarte depende siempre más de tí que del propio empleo que hayas conseguido".

 

Puedes ser feliz con lo que haces

 

Quizá te parezca utópico, pero no es necesario que encuentres uno de esos empleos que asombran al mundo. Porque la felicidad en el trabajo no está precisamente en la actividad que se realiza: debemos conocernos a nosotros mismos, saber cuáles son nuestros conocimientos y habilidades. Hemos de hacer lo que sabemos hacer y aquello con lo que disfrutamos. Si consigues eso, tendrás el mejor empleo del mundo.

 

Si te conoces, sabes cuáles son tus propios valores, y eliges un trabajo de acuerdo a esto, serás feliz. Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group, explica que "en momentos como los actuales, en los que se tiende a querer trabajos fáciles y a ganar mucho dinero sin esfuerzo, es cuando conviene recordar que, al escoger una profesión, quien responda a su propia naturaleza y sea fiel a ella será feliz y tenderá a trabajar duro –incluso sin esperar una recompensa exagerada– y se sentirá realizado".

 

Conviene que nos preguntemos qué talento y conocimientos tenemos, y cómo son nuestros sueños. Dentro de nosotros están los recursos para solucionar el 70% de nuestros problemas.

 

Consejos para la jornada laboral

 

El nuevo paradigma de la felicidad pasa por que cada profesional sepa fabricar su propia marca y su empleabilidad. Quizá tu empleo no te parezca una bicoca así que, si sufres cada día al ir al trabajo (algo que hoy debería ser considerado como una gran suerte), estos son algunos consejos para que la jornada te resulte más llevadera:

 

* Visualiza tu trabajo y reorganízalo para que se adapte a tí. Aporta toques personales que tengan que ver con la forma en la que ves y desempeñas tu empleo.

* Haz algo que te guste. Siempre hay algo en tu tarea que te atrae.

* Quédate con los aspectos positivos. Rechaza a la gente negativa y los rumores.

* Responsabilízate de conocer lo que ocurre en tu trabajo. No te quejes de que no recibes información sobre lo que pasa en tu compañía.

* Comprométete sólo a aquello que puedas cumplir y mantener.

 

Otros trabajos que dan envidia

 
La Universidad de Chicago mantiene una lista de “satisfacción en el trabajo” en la que, curiosamente, los más felices en su profesión no están demasiado bien pagados, y algunos deben dedicar largas jornadas laborales con altos niveles de estrés. Según este estudio, los más satisfechos son, por este orden, sacerdotes, bomberos, agentes de viajes, mecánicos y arquitectos, que ocupan el top 5, seguidos de profesores de educación especial, actores y directores de cine (no se refiere a grandes estrellas), investigadores científicos, ingenieros industriales y pilotos de líneas aéreas.

El dinero no tiene mucho que ver con la satisfacción en el trabajo. Estos son algunos ejemplos de profesiones ideales:

* Roisin Madigan gana 1.000 libras al mes como probadora de camas de diseño fabricadas por la firma Simon Horn Ltd., hechas originalmente para el Hotel Savoy.

* Tommy Lynch viaja unas 27.000 millas al año por culpa o gracias a su profesión: probar y opinar sobre las atracciones de los parques temáticos que el gigante del ocio First Choice tiene desperdigados por todo el mundo.

* El oficio de probador es un filón: Harry Willsher vive de probar golosinas y ‘chuches’.

* Las bodegas californianas Murphy-Goode, en el condado de Sonoma, son un empleador ideal: ofrecen un trabajo retribuido con 10.000 dólares al mes a un experto catador de vinos dedicado a cantar sus excelencias en Twitter y Facebook.


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