Tipos de absentismo: Laboral, emocional o presencial

El laboral es el absentismo más conocido entre el común de los mortales. Personas que, en apariencia, no pueden asistir al trabajo por una causa justificada.

 

Para este tipo de faltas existe la prevención, la legislación y la justicia; puesto que es posible diagnosticar una enfermedad causada por la labor diaria o faltar al trabajo por causas médicas, así como resulta sencillo, o por lo menos así debería ser, detectar una baja fraudulenta. El problema en este caso es cuando las enfermedades se alargan sin justificación aunque estén respaldadas por un informe clínico.

 

Sin embargo, la vida laboral también produce otras dos clases de absentismo, el emocional y el presencial, que ponen en riesgo la productividad de la empresa y del trabajador, y para los que es más complicado encontrar una solución. “Son de alto riesgo en la medida que las personas acuden a su puesto, pero no dan todo lo que pueden o hacen otras actividades”, explica Nekane Rodríguez, directora de Lee Hecht Harrison. En concreto, el absentismo emocional es el que afecta a empleados que están físicamente en la oficina, pero no emocionalmente, es decir, realizan su trabajo, pero no dan lo mejor de ellos mismos. No rinden lo suficiente.

 

El presencial, por su parte, lo sufren los trabajadores que estando en su puesto de trabajo realizan otras actividades. Por ejemplo, simulan hacer sus tareas cuando, en realidad, están navegando en Internet por ocio o para sus temas personales. Según Rodríguez, “estos tipos de absentismo no se contabilizan y pueden pasar desapercibidos, pero inciden gravemente en la innovación y la productividad de las organizaciones”.

 

Las razones de los profesionales para actuar de este modo son diversas: “Desde la pérdida de confianza hasta la falta de alineamiento con el jefe más inmediato”, considera esta experta. Aunque aclara que “es responsabilidad del superior inmediato cómo nos sentimos de respetados, apoyados e involucrados. Y esto incide en la visión del día a día en el trabajo”.

 

El índice de absentismo emocional y presencial desciende si se establece un liderazgo más comunicativo y que genere confianza en las compañías. “Es clave que los mandos sepan escuchar, que tengan capacidad de movilizar a la gente, autocontrol y sean optimistas. También deben saber ponerse en el lugar del otro, en el de sus colaboradores”, opina Rodríguez.


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