Lesiones de espalda en el ámbito laboral

Lesiones de espalda en el ámbito laboral

En el ámbito laboral, el tipo de lesión que se produce con mayor frecuencia es aquella derivada de trastornos musculoesqueléticos y, dentro de estos, la mayoría se concentran en la espalda.

En el marco de estas afectaciones, las lesiones más habituales son la cervicalgia, la lumbalgia, la ciática, la hernia discal y el encajamiento discal.

Por otro lado, si atendemos a los factores de riesgo, la causa más frecuente del dolor es un mal funcionamiento de la espalda derivado de causas como: realizar rotaciones de columna, exposición a vibraciones, o realizar esfuerzos. En este último caso, los esfuerzos son habituales cuando manipulamos cargas, realizamos movimientos repetitivos o mantenemos posturas inadecuadas o mantenidas en el tiempo.

Existen también factores de orden personal que intervienen en las lesiones de espalda: una espalda entrenada tendrá menos lesiones y, si las tuviera, se recuperará con mayor facilidad. En caso contrario, será susceptible de sufrir recaídas. En último lugar, factores como tener una actitud positiva ante la vida, tener un entorno satisfactorio y evitar el estrés, contribuyen enormemente a disminuir la percepción del dolor y a evitarlo.

 

¿Cómo evitar las lesiones de espalda?

Para prevenir y reducir este tipo de lesiones, existen tres vías fundamentales a nuestro alcance: la realización de actividad física, el mantenimiento de una buena higiene postural y la observación de la disciplina de la ergonomía.

En cuanto a la actividad física, es muy beneficioso realizar ejercicios físicos apropiados, para prevenir y reducir las lesiones de espalda, pues ello contribuye a fortalecer los músculos de la misma y del abdomen, ayuda a la adopción de posturas correctas, a la reducción de las tensiones que soporta nuestro cuerpo y a tener una mayor resistencia a las cargas físicas. Por ejemplo, podemos realizar estiramientos de la musculatura cervical, de hombros, espalda, y en general, de relajación y refuerzo muscular.

En cuanto a la higiene postural, podemos prevenir los dolores de espalda mediante la observación de estas reglas, al realizar movimientos, esfuerzos y al adoptar diferentes posturas. Con ellas, lograremos prevenir dolores de espalda cuando mantengamos la misma posición durante un largo periodo de tiempo; realicemos posturas que aumenten las curvas fisiológicas de la espalda; realicemos grandes esfuerzos, o pequeños pero muy repetidos; o cuando llevemos a cabo movimientos bruscos o posturas forzadas.

En este sentido podemos adquirir hábitos que nos ayuden a reducir o eliminar las consecuencias de los factores de riesgo, a través de una correcta organización del trabajo (alternando tareas, rotando trabajadores…); cuando realicemos trabajos de pie (realizando cambios posturales, evitando el uso de tacones altos, al levantar cargas…); cuando realicemos trabajos sentados (velando por la altura del asiento, la regulación del respaldo, la situación de los objetos de la mesa…); así como cuando conduzcamos o vayamos a dormir.

En cuanto a la ergonomía, con la aplicación de medidas ergonómicas en los puestos de trabajo, se pueden lograr mejoras en la comodidad, la salud, la seguridad y la productividad de los trabajadores. Estos cambios ergonómicos en el diseño de los lugares de trabajo, producen mejoras significativas. Aspectos como el diseño ergonómico del puesto de trabajo para adaptarlo a las características de los trabajadores; realizar tareas variadas que permitan levantarnos y cambiar de postura; y evitar el trabajo de pie, cuando ello sea posible, durante períodos de tiempo prolongados, nos ayudarán en gran medida a tener una espalda saludable.

La misión de nuestra espalda es sostener el cuerpo y permitir su movimiento, proteger la médula espinal y ayudar a mantener el centro de gravedad del cuerpo tanto en reposo como en movimiento. Por ello es importante cuidarla, pues sólo tenemos una y es para toda la vida.


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