Juncker aspira a crear 1,3 millones de empleos con su plan de inversión

La Comisión Europea aprobó el plan de inversión con el que espera movilizar 300.000 millones de euros entre 2015 y 2017 a partir de 16.000 millones de euros de los fondos estructurales y 5.000 millones del BEI. Bruselas confía en que los proyectos financiados generen 1,3 millones de puestos de trabajo.

 

Por quinta vez desde que empezó la crisis, Bruselas intenta mejorar el apalancamiento de sus escasos recursos para dar un impulso a la inversión privada, uno de los parámetros que sigue sin recuperarse en la Unión Europea. Bruselas confía en que a partir de una inversión pública de 21.000 millones se movilicen durante el próximo trienio unos 240.00 millones de euros para infraestructuras (energía, transporte y redes digitales) y otros 75.000 millones para créditos a pequeñas y medianas empresas, las más castigadas por la falta de financiación.

 

La Comisión Europea calcula que el impacto económico del plan podría alcanzar los 410.000 millones de euros, cifra equivalente al 3% del PIB de la UE. Y facilitar la creación de más de 400.000 puestos de trabajo anuales entre 2015 y 2017, un período en el que Bruselas todavía prevé tasas de paro superiores al 9%, es decir, más de 23 millones de desempleados.

 

La propuesta se presentará oficialmente el miércoles ante el pleno del Parlamento Europeo, en Estrasburgo. Y será debatida y previsiblemente aprobada en la cumbre europea del 18 y 19 de diciembre en Bruselas, aunque varios socios, entre ellos Alemania, se muestran reticentes sobre su utilidad y podrían rebajarla o intentar diluirla.

 

El plan se asemeja de manera inquietante a los propuestos por la Comisión de José Manuel Barroso entre 2009 y 2013, cuando se ensayaron diferentes fórmulas para que los fondos europeos sirvieran como catalizador para atraer capital internacional hacia la inversión a largo plazo. La nueva Comisión, presidida desde el 1 de noviembre por Jean-Claude Juncker, asegura que en esta ocasión se trata de “un cambio de paradigma en cómo se usa el dinero público”.

 

Más riesgo

“El nuevo Fondo podrá participar en los proyectos más arriesgados e involucrarse en estructuras [financieras] más complejas, más allá de lo que se realiza actualmente con los programas de financiación de la UE”, subraya el documento aprobado por la Comisión.

 

Bruselas añade que no existe un problema de liquidez en Europa, sino de falta de financiación para la economía real, en particular, en las áreas señaladas como prioritarias: eficiencia energética, educación e innovación, asistencia social, energía, transporte, medio ambiente y banda ancha.

 

Para atraer capital hacia esos sectores, la Comisión creara a lo largo de los tres años un fondo de garantía de 16.000 millones de euros, con el que se podría comprometer a asumir parte del riesgo de los proyectos. La mitad de esa garantía estaría disponible de manera casi inmediata a partir de mediados de 2015, porque Bruselas detraerá 3.330 millones de euros de las partidas ya previstas para interconexiones y 2.700 millones de las de I+D.

 

El BEI, por su parte, reservará 5.000 millones de su capital actual para avalar proyectos de pequeñas y medianas empresas. Y la Comisión invita a cada Gobierno a añadir su parte, ofreciéndoles no contársela como déficit a efectos del Pacto de Estabilidad, aunque sin garantizarles la reinversión en su país.

 

Bruselas confía en que a la quinta vaya la vencida

No hay quinto malo, dicen los taurinos, y esa parece ser la esperanza de Jean-Claude Juncker. El nuevo presidente de la Comisión Europea presentará hoy ante el Parlamento Europeo su plan de inversión, cuyo mayor riesgo es que fracase tan estrepitosamente como los cuatro anteriores.

 

A favor del éxito de Juncker juega la urgencia de reactivar la inversión en un continente donde ha caído en casi 500.000 millones de euros desde su pico en 2007 y donde la prolongada crisis económica amenaza la continuidad de los partidos políticos que han gobernado Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Hasta ahora, sin embargo, Bruselas no ha logrado dar con la fórmula para reactivar la inversión, no por falta de ideas, sino por carencia de recursos y de apoyo en los grandes países. El fiasco más estrepitoso fue en 2012, cuando se anunció la movilización de 200.000 millones de euros en lo que fue clasificado, por los más euroingenuos, como “un plan Marshall para el sur de Europa”. Dos años después, ni la inversión ni el empleo remontan y la zona euro se expone a una tercera recesión.

 

En 2013, llegaba otro plan para reactivar el crédito a las pymes a través del Banco Europeo de Inversiones, cuyos frutos también han sido exiguos. Antes, en 2012, el fondo de rescate de la zona euro anunciaba el lanzamiento de instrumentos para captar el ahorro de los países emergentes. Nunca llegó ese capital. Solo el plan de 2009 logró parte de sus objetivos. Pero entonces todos los países se sumaron con una inyección de capital nuevo. Ahora no hay intención de poner un euro más. Solo la apuesta de que cada euro existente se multiplicará por 15 y generará 300.000 millones de euros en inversión.

 

La OCDE culpa a París y Roma del riesgo de estancamiento en la zona euro

La OCDE lanzó una seria advertencia a Francia y a Alemania, a las que reprocha que con su inmovilismo están arriesgando que la zona euro, amenazada por la deflación, se instale en un periodo prolongado de estancamiento económico.

 

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que presentó su informe semestral de Perspectivas, revisó a la baja las proyecciones de crecimiento para la mayor parte de sus países miembros y mostró especial preocupación por la zona euro, presentada como el “enfermo” por su secretario general, Ángel Gurría. “Hay riesgo de un largo estancamiento en la zona euro”, subrayó a la prensa Gurría, que avisó de que las expectativas de una muy baja inflación podrían llegar a recortar 0,5 puntos del PIB de la zona euro en 2015 y un punto en 2016.

 

El secretario general de la OCDE apuntó que las previsiones de este estudio son más débiles que las de mayo y que “el crecimiento de la economía mundial se va a fortalecer muy gradualmente en 2015 y 2016, pero va a quedarse en un nivel “modesto”, con tasas del 3,7% y del 3,9%, respectivamente, después del 3,3 % que calcula para 2014. Para la zona euro, la OCDE estima que este año la actividad sólo progresará un 0,4%, en lugar del 1,2% que había anticipado en mayo. En 2015 será del 1,1% y un 1,7 % en 2016.

 

Esa corrección a la baja del conjunto de la eurozona contrasta con las mejores cifras de algunos de sus países periféricos, y en particular de España, que debería crecer un 1,3% este año, un 1,7% el próximo y un 1,9% el siguiente.

 


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