Las reformas laborales aconsejan incentivar las conversiones a fijos

De todas las medidas de fomento del empleo adoptadas en las reformas laborales de 2010 y 2011 solo hay una que está cosechando cierto éxito a pesar de la crisis: la bonificación de la conversión de contratos temporales en fijos. En los seis meses posteriores a la reforma de 2010 que reinstauró estos incentivos, las conversiones crecieron un 7,4%. Es más, los expertos aseguran que estos contratos son más estables que los fijos iniciales.

 

Históricamente, todos los Gobiernos españoles de las dos últimas décadas han ensayado distintas fórmulas para promover el empleo, sobre todo el estable, para intentar acabar con los abusos de la temporalidad que, después del desempleo, es la mayor lacra del mercado laboral en España.

 

En este tiempo, hay dos medidas que han tenido más éxito que las demás a la hora de cumplir estos objetivos. Se trata de la creación del contrato de fomento del empleo estable en 1997, que supuso un claro abaratamiento del despido al rebajar la indemnización del improcedente a 33 días por año trabajado con un máximo de dos anualidades para los colectivos de difícil inserción. Y, en segundo lugar, una doble vía de fomento de las conversiones de contratos temporales a fijos: bonificados económicamente por un lado, y dando la posibilidad de convertirlos en los citados contratos con despido más barato para todos los colectivos.

 

Pero como versa el dicho, no hay nada nuevo bajo el sol. La última gran reforma de 2010, incidió sobre estas dos medidas; casi generalizando en la práctica el uso del contrato fijo de 33 días de indemnización y restaurando las bonificaciones a las conversiones de temporales a fijos (entre 600 y 6.300 euros anuales durante tres o cuatro años; o toda la vida del contrato, según los casos).

 

Sin embargo, en esta ocasión, el fomento del contrato con despido más barato, no está teniendo éxito. Más bien lo contrario. Así, según datos del Ministerio de Trabajo, en los seis meses posteriores a la entrada en vigor de la reforma estos contratos de fomento se desplomaron un 35%, pasando de 91.090 a 59.568 en el segundo semestre. La reforma de 2011 dio una vuelta más de tuerca en la generalización de este contrato (basta con estar un mes inscrito en el desempleo para optar a él), pero su uso tampoco ha remontado.

 

Por el contrario, las conversiones sí están siendo exitosas, como siempre que se han recuperado. Así, según estos mismos datos, en los seis meses posteriores a la reforma hubo 253.447 contratos fijos convertidos, un 7,4% más que en el primer semestre de 2010. Y si la comparación se hace entre el primer semestre de 2011 y el anterior a la reforma el incremento es del 5%, según datos manejados por el Ministerio de Economía.

 

Estables pero por poco tiempo

 

Es más, según un exhaustivo estudio sobre los programas para mejorar la estabilidad en el empleo entre 2005 y 2010, financiado por el Ministerio de Trabajo y realizado por los expertos de la Universidad de Alcalá, Inmaculada Cebrián, Luis Toharia y Gloria Moreno, los contratos convertidos a indefinidos son incluso más estables (duran más años) que los que son fijos desde el principio.

 

Según este estudio -que cruza el registro del servicio público de empleo con la muestra continua de vidas laborales- "cualquier reforma debería tener en cuenta el papel de las conversiones en el entramado contractual del mercado laboral español, al tiempo que se considere la elevada mortalidad de los contratos indefinidos iniciales, ya que a los dos años de vida solo se mantienen el 50% o menos". Si se va más allá de estos dos primeros años, concluyen que los contratos convertidos a fijos viven más tiempo (al término de los cinco años analizados siguen existiendo el 30%) que los indefinidos iniciales (solo viven el 20%).

 

Asimismo, estos expertos aseguran que los empresarios "responden a los estímulos de poder contratar con un coste de indemnización por despido más bajo, (...) sin embargo no parece que esto tenga ningún papel relevante a la hora de explicar la finalización del contrato". El Gobierno deberá sopesar, entre otros, estos efectos de anteriores reformas.

 

Se buscan fórmulas para abaratar el empleo

 

En los 12 meses inmediatamente posteriores a la reforma laboral de 2006 los contratos indefinidos crecieron un 40%. A juicio de los datos oficiales que manejan los expertos, esto se debió fundamentalmente a la posibilidad de hacer conversiones bonificadas y con un despido más barato (el de 33 días por año); y, en segundo lugar, a la propia expansión económica y, en menor grado, al efecto retraso provocado por el hecho de que la reforma empezara a negociarse en 2004 y no entrara en vigor hasta dos años después.

 

En la actualidad, cualquier reforma que adopte el futuro Gobierno, ya sea con acuerdo o sin él, no podrá contar ni con unas buenas perspectivas económicas ni con el citado efecto retraso, ya que las medidas deberán adoptarse con urgencia. De ahí que, nuevamente aparezcan las bonificaciones a la conversión como una medida clave para la creación de empleo. Sin embargo, se trata de una iniciativa muy cara para estos tiempos. En los últimos años los Ejecutivos se han gastado unos 3.000 millones de euros de impuestos anuales para bonificar el empleo estable, sin que se resintiera la caja de la Seguridad Social. Ahora este margen impositivo no existe por lo que solo queda una rebaja de cuotas, que sí mermaría los ingresos del sistema de pensiones o buscar otras fórmulas más imaginativas.


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