Los ERE colectivos solo afectan al 12% de los despidos pese a la reforma

Bankia planea despedir a 5.000 empleados; Iberia a 4.500; Telemadrid a 925 y Paradores a 650 trabajadores. La lista puede eternizarse, pero ofrece una imagen distorsionada de los ajustes de plantilla en España. La inmensa mayoría de quienes pierden su empleo fijo no son víctimas de una regulación de empleo. Son despedidos uno a uno. Hasta septiembre, en 2012 hubo 607.415 despidos, solo el 12% de ellos fue por un expediente de regulación de empleo (ERE).

 

Los despidos colectivos siempre han tenido poco peso. Y eso que, en teoría, son más baratos. Las últimas reformas laborales tratan de dar más protagonismo en la estadística a los ERE. La última, la de febrero, acabó con la autorización administrativa y, en caso de desacuerdo entre las partes, se impone la decisión empresarial. Esta medida los ha impulsado algo. Hay 72.928 afectados, casi 14.000 más que en septiembre de 2011, y han pasado de representar el 10,3% al 12%.

 

No obstante, este porcentaje bajará cuando se conozcan los datos definitivos de 2012. ¿Por qué? En España no hay cifras rigurosas de despidos. Se elaboran partiendo de varias fuentes. La primera es la que registra los motivos por los que conceden las altas en las prestaciones por desempleo. Luego hay que corregir esta estadística con otras que se conocen con más retraso, como la de asuntos judiciales o la de conciliaciones, que la primera fuente no recoge íntegramente.

 

A las empresas les resulta más fácil despedir uno a uno, según los sindicatos

“Los despidos colectivos tienen costes que van más allá de las indemnizaciones y el coste burocrático”, explica Miguel Ángel Malo, de la Universidad de Salamanca, “abren una brecha entre empresario y trabajadores que no se cierra cuando se acaba el ERE, y eso hace que las empresas se planteen otras vías”.

 

Una empresa debe aplicar un ERE, básicamente, cuando despide a más de un 10% de su plantilla de golpe. Tiene que demostrar que hay causas y negociar con los sindicatos. La indemnización es la más baja, la de un despido objetivo (20 días por año con un límite de 12 mensualidades), aunque si hay pacto suele ser mayor.

 

“A las empresas les resulta más fácil el despido individual”, se queja el secretario de Acción Sindical de CC OO, Ramón Górriz, “así no hay negociación”. Toni Ferrer, su homólogo de UGT, añade que así las empresas no tienen por qué demostrar la causa de los despidos.

 

“No siempre se alcanzan los volúmenes de despidos que requiere una regulación de empleo”, explica Fernando Moreno, abogado laboralista y director del Instituto Internacional de Estrategia Legal de Cuatrecasas. “A veces las crisis empresariales no requieren que se despida a un 10% de la plantilla”. En estos casos las empresas recurren al despido objetivo individual —con la reforma laboral se ha disparado (52%) al facilitarse mucho las causas—. Luego buscan un pacto si el trabajador decide recurrir a los tribunales o esperan la resolución del juez.

 

“A las empresas les resulta más fácil el despido individual”, se queja CC OO

Precisamente este obstáculo, los tribunales, es uno de los puntos que aún frena muchos ERE. Lo apuntan sindicatos, despachos laboralistas que suelen representar intereses empresariales y expertos. La reforma facilitó los despidos colectivos al acabar con el preceptivo visto bueno de la autoridad laboral, un beneplácito que no podía negarse si el expediente llegaba con pacto y que prácticamente blindaba el acuerdo frente a los tribunales. Ahora los empresarios pueden llevar adelante un ERE sin pacto, pero se enfrentan a un incierto recurso judicial. “La reforma abrió vías al recurso que antes estaban casi blindadas”, analiza Moreno, “y eso añade cierta desconfianza”. Abunda en la tesis Malo: “Es cierto que baja el coste monetario, pero hay más incertidumbre”. Y la incógnita está cayendo del lado de los despedidos. Según Cuatrecasas, de las 34 sentencias habidas desde febrero, 26 han declarado la nulidad o la improcedencia del ERE.

 

Más allá de las causas palpables, los expertos, apuntan a una intangible: una cultura de gestión muy arraigada. “Los datos dicen mucho de la cultura empresarial: preferir el despido individual a la flexibilidad pactada”, reprocha Górriz. “Es una tradición recurrir al despido individual”, abunda Malo, que apunta que hasta febrero existía una modalidad de despido (la de la ley 45/2002, que aún aparece en las estadísticas aunque ahora designa a los despidos sin resolución definitiva) que era libre, caro y era muy mayoritario. “Hay una inercia cultural”, zanja.

 

 


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