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La ILT abre un nuevo agujero a las cuentas de la Seguridad Social

No sólo las pensiones están poniendo en números rojos a la Seguridad Social: desde el año pasado, las cotizaciones de los asalariados por la cobertura de enfermedades comunes (aproximadamente el 1,4% del salario del trabajador) no cubren los gastos del pago de las bajas por enfermedad, que se han disparado con la recuperación económica y superaron en el 2017 los niveles anteriores a la crisis. Según Amat, la Asociación de Mutuas de Accidente de Trabajo, el año pasado las bajas laborales por enfermedades no profesionales causaron al sistema unas pérdidas de 462 millones de euros, un déficit que supone el 10% de las cuotas que se destinan a cubrir el coste de las bajas.

 

La incapacidad laboral transitoria (ILT) la gestionan las mutuas patronales, que reciben de la Seguridad Social un coeficiente del sueldo del trabajador y le devuelven el resultado de la gestión, aportándolo al fondo de reserva de la Seguridad Social, que financia el pago de las pensiones. Las mutuas reciben el 5,1% de la cotización por contingencias comunes, un gravamen que supone el 28,3% de la base de cotización de los trabajadores. El año pasado, 18 de las 20 mutuas de accidentes españolas registraron pérdidas en la gestión de las bajas. Las mutuas, que en el 2014 aportaron 3.866 millones de euros a los fondos de reserva de la Seguridad Social, desplomaron su aportación el año pasado a sólo 548 millones de euros, con un descenso del 85%.

 

Pedro Pablo Sanz, director gerente de Amat, explicó que desde el año 2015 la gestión de las enfermedades comunes es deficitaria, y acumula unos números rojos de 896 millones de euros, pese al número creciente de autónomos, un colectivo donde la gestión de la ILT sale muy rentable al sistema: sus bases de cotización suelen ser inferiores a sus ingresos reales y para enfermedades leves no suelen cogerse bajas. Según Vicente Aparicio, director general de Asepeyo, la primera mutua de Catalunya y segunda de España, en su entidad el excedente de los trabajadores autónomos cubrió un tercio de las pérdidas que causaron las bajas por enfermedad de los trabajadores asalariados. El director gerente de Amat explicó que por el momento las pérdidas de las enfermedades comunes no incrementan el déficit de la Seguridad Social porque las mutuas las cargan contra sus fondos de reserva, pero estos ya están cercanos a su mínimo legal, del 5% de los ingresos por cotizaciones sociales que reciben, y las mutuas están recurriendo ya a cubrir el déficit con las reservas que habían acumulado para cubrir accidentes de trabajo. “La situación está erosionando la solvencia financiera de las mutuas”, reconoció Pedro Pablo Sanz: las reservas de las entidades suponían en el 2013 el 67% de sus ingresos por cotizaciones, mientras que el año pasado eran ya sólo el 28,6%.

 

El déficit en la gestión de las bajas por enfermedad y accidentes comunes se debe a un aumento de los procesos de baja y de su duración: aunque por debajo de los niveles pre crisis, han crecido en más de un 32% respecto al 2014. Pero también por la decisión que adoptó el gobierno en el 2011 de reducir la aportación a las mutuas para cubrir las contingencias comunes (pasó del 6,87% al 5,1% de la cotización) para dedicar esos recursos al pago de las pensiones. Amat, explicó Sanz, reclama al Gobierno que revierta esa decisión “que se tomó estando la tasa de absentismo en mínimos históricos”.

 

Vicente Aparicio destaca que el déficit en la gestión de las bajas por contingencias comunes se ha agravado porque aunque aumenta el número de trabajadores protegidos, y por tanto las cotizaciones, los nuevos cotizantes tienen sueldos más bajos que no cubren las prestaciones de los colectivos con salarios más altos.

 

Igualmente, señala Aparicio, el propio diseño de los servicios sanitarios agrava el coste de las bajas: las listas de espera retrasan la realización de pruebas diagnósticas o intervenciones quirúrgicas, así como de las sesiones de rehabilitación. Desde hace unos años, además, para reducir la dedicación de los médicos a tareas administrativas, ha cambiado el sistema de control de las bajas, espaciándose las revisiones por el médico de cabecera, lo que alarga la duración de los procesos, señaló Aparicio.

 

El déficit de la gestión de las enfermedades comunes contrasta con la gestión de los accidentes profesionales, que proporciona a las mutuas el 80% de su excedente: en el 2017 aportaron al sistema un beneficio de 441 millones de euros. Aparicio destacó que en este caso son las propias mutuas las que gestionan la atención sanitaria, sin esperas de ningún tipo, lo que acorta la duración de los procesos. Además, explicó, pese a la recuperación económica los accidentes de trabajo apenas han subido dos décimas, y originan sólo el 13,64% de todas las bajas laborales que gestionan las mutuas.

 

Muchos de estos accidentes, recordó Aparicio, tienen de hecho poca relación con la tarea del trabajador: un tercio de los accidentes laborales son in itinere: accidentes de tráfico durante desplazamientos relacionados con el trabajo, y otro tercio infartos o ictus, que por producirse en el lugar de trabajo o en los desplazamientos también se consideran accidente laboral.

 


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