¿Qué es la celiaquía y qué la provoca?

La celiaquía es una enfermedad sistémica, crónica y autoinmune que está  producida por el consumo de gluten y otras proteínas similares, y que afecta a personas predispuestas genéticamente.

Recibe también el nombre de enfermedad celíaca o esprúe celíaco.

El gluten es una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno y en la avena en menos proporción.

En las personas predispuestas, y tras la ingestión de gluten, se produce una respuesta inmunitaria en el intestino delgado, que ocasiona una falta de absorción de nutrientes por destrucción de las vellosidades intestinales.

La sintomatología más frecuente en los adultos es la diarrea, fatiga y pérdida de peso. También se puede presentar dolor abdominal, sensación flatulenta, nauseas, estreñimiento y vómitos. Otros síntomas no intestinales son anemia, erupciones cutáneas, aftas bucales, cefaleas, pérdida de densidad ósea, trastornos neurológicos, etc.

En los niños puede haber sintomatología añadida como retraso del crecimiento en peso y talla, retardo puberal, anorexia, irritabilidad, etc.

El diagnóstico de la enfermedad se efectúa mediante marcadores serológicos, estudio genético y en ocasiones hay que recurrir a biopsias duodenales.

La celiaquía afecta aproximadamente a un 1-2 % de la población, con un claro predominio del sexo femenino y es más frecuente en personas de etnia caucásica, aunque no de forma exclusiva, ya que actualmente se está diagnosticando en muchos grupos étnicos.

Existen unos factores de riesgo, donde es más frecuente la aparición de la celiaquía, como antecedentes familiares, diabetes tipo 1, síndrome de Down, enfermedad tiroidea, artritis reumatoide, enfermedad de Addison, etc.

Las complicaciones de la celiaquía no tratada son múltiples y pueden causar desnutrición, malabsorción de calcio y Vitamina D, infertilidad y aborto, intolerancia a la lactosa, cáncer, y problemas neurológicos entre otros.

El único tratamiento que existe es el mantener una estricta dieta libre de gluten, de por vida. La dieta no cura la enfermedad pero consigue la plena normalización de la sintomatología y evita las complicaciones que ocasiona.

Existe también la alergia al gluten. Situación que se puede producir sin que el gluten haya llegado al intestino, y que puede ocasionar una reacción inmediata  en forma de edemas, urticaria, dificultad para respirar, entre otras, y que precisa incluso  tomar más precauciones que en el enfermo celíaco, ya que no puede ingerir ni entrar en contacto con el gluten.

La sensibilidad al gluten no celíaca, es de origen desconocido, aunque con sintomatología común, se diagnostica por exclusión. En ocasiones se relaciona con espondiloartropatías, fibromialgia y otras enfermedades. No se cumplen los criterios diagnósticos de celiaquía, pero responde adecuadamente a una dieta libre de gluten.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación), anualmente se consumen 504 millones de toneladas al año de trigo, formando parte de la base de las pirámides alimenticias en una dieta mediterránea. A todo ello hay que añadir que no hay evidencia de que una dieta exenta en gluten, sea beneficiosa para la población general que no tenga problemas de intolerancia, alergia y/o celiaquía, ya que el trigo, la cebada o el centeno son una fuente rica en fibra, hierro, vitaminas e hidratos de carbono.