Abrazos en tiempos de COVID-19

Los abrazos están presentes en gran parte de los momentos que vivimos con las personas que apreciamos; con ellos demostramos amor, cariño, alegría, fraternidad, entusiasmo, consuelo, acompañamiento, entre otras muchas emociones y sentimientos.

Abrir nuestros brazos para acoger en ellos al otro nos permite unir más aún a la familia y amigos, compartir vivencias, tradiciones, momentos gratos, éxitos, e incluso circunstancias difíciles que ponen a prueba nuestra capacidad de resiliencia; ellos forman parte de los momentos más felices y tristes, convirtiéndose en pequeños fragmentos inolvidables de nuestra vida.

Abrazar es una forma de lenguaje excepcional, pues no solo actúa como terapia de sanación física, mental y espiritual, sino como la forma más efectiva de transmitir la paz necesaria para afrontar nuestro día a día, pudiendo incluso llegar a mejorar nuestro estado de ánimo y transformar nuestra energía.

Los beneficios de los abrazos en la salud

  • Facilitan la liberación de endorfinas conocidas como hormonas de la felicidad.
  • Disminuyen la presión arterial al activar los receptores en la piel denominados corpúsculos de Pacini, que son los encargados de enviar las señales al cerebro reduciendo de esta manera la presión arterial. Las personas adultas que no tienen contacto físico tienen frecuencia cardíaca y presión arterial mayores que las personas que sí que lo tienen.
  • Favorecen la liberación de oxitocina, disminuyendo así el nivel de estrés por la reducción de la producción de cortisol y adrenalina, hormonas que se emiten en altas concentraciones cuando nos encontramos bajo una situación estresante.
  • Producen la liberación de serotonina y dopamina, generando una gran sensación de bienestar y felicidad, además de reforzar los procesos de aprendizaje y de memoria.
  • Promueven la oxigenación del organismo, algo que ayuda a prolongar la vida de las células y, por tanto, prevenir el envejecimiento prematuro.
  • Fortalecen el sistema inmunitario al favorecer la creación de glóbulos blancos tan necesarios para combatir enfermedades e infecciones.
  • Reducen el riesgo de padecer demencia.

“El contacto físico es fundamental para disfrutar de un equilibrio físico, psicológico y emocional; pero hay otras alternativas”

En los últimos meses, con la finalidad de hacer frente a la situación de emergencia sanitaria ocasionada por la COVID-19 y afrontar así la «nueva normalidad» de la manera más segura posible, los abrazos han desaparecido en gran parte de nuestra vida.

La Organización Mundial de la Salud indica cómo, para evitar la propagación del virus, es necesario mantener la distancia de seguridad y evitar el contacto físico con otras personas, circunstancias que imposibilitan no solo los abrazos, sino también los besos o los tradicionales apretones de manos como forma de saludo habitual.

Adaptarnos a esta nueva forma de relacionarnos, en la que el contacto físico ha quedado en segundo plano, resulta todo un desafío. Somos seres sociales por naturaleza; forma parte de nuestra esencia relacionarnos e interactuar a través del contacto físico.

Acostumbrados a la proximidad física en nuestras relaciones, ahora debemos aprender a prescindir de los abrazos sustituyéndolos por otras formas más seguras de demostrarnos apoyo, afecto cercanía y seguridad. Y no olvidarnos de sonreír, porque las sonrisas, como los abrazos, reducen el estrés, liberan tensión, relajan el sistema muscular y fortalecen el sistema inmunitario.

Ante esta situación, hemos aprendido a expresar mediante las palabras lo que sentimos; a rescatar el valor de las miradas; a mostrar afecto a través de la pantalla; e incluso a crear nuevas formas más seguras de abrazarnos sin que exista contacto físico.

Un ejemplo de ello es el denominado “arco de los abrazos”, un sistema que permite abrazar a nuestros mayores a través de un “panel de plástico” que se higieniza en cada uso y permite que nos abracemos a través de unas mangas «de usar y tirar». Incluso países como Bélgica quien, con la finalidad de cuidar la salud mental y emocional de las personas confinadas, ha creado la figura del “compañero de mimos”, siendo ésta la única excepción a la norma general que pretende evitar al máximo el contacto físico con otras personas fuera del círculo de convivencia.

El escenario actual nos hace replantear la revisión de nuestra comunicación con el objetivo de hacerla más efectiva; se trata de proliferar nuevas soluciones creativas para que nada nos impida seguir mostrando afecto con la misma intensidad que antes.

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“Un abrazo es arrancar un pedacito de si para donarlo a algún otro hasta que pueda continuar el propio camino menos solo” Pablo Neruda

Muchas cosas han cambiado desde que la Covid-19 apareció en nuestras vidas. El uso de mascarillas y el lavado frecuente de manos ya son hábitos que forman parte de nuestras nuevas rutinas; la distancia de seguridad se ha convertido en nuestro principal escudo protector; nuestro hogar ha pasado a ser nuestra oficina; las videollamadas se han impuesto como alternativa a los encuentros sociales. Lejos de abrazar a los nuestros, hemos aprendido a abrazar la incertidumbre, a aceptar nuevos aprendizajes y a ser más flexibles.

Una realidad que se enfrenta a aquella frase del escritor Paulo Coelho: “cuando abrazamos a alguien de verdad, ganamos un día de vida”. Sin embargo, cuando todo esto pase, no solo debemos ser capaces de recuperar un clima seguro y libre de contagio, sino también debemos esforzarnos en rescatar aquellos abrazos que hemos ido almacenando a lo largo de este tiempo. Y que, ojalá, nunca dejen de acompañarnos, especialmente cuando más los necesitemos.

Equipo de Gestión Preventiva

Dirección de Gestión de Mutualista